ACTIVANDO EL ROL EDUCATIVO EN LA FAMILIA

 

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La experiencia demuestra que para mejorar la educación de los hijos son fundamentales el compromiso y la participación de la familia.

Todos los niños, niñas y adolescentes desde la enseñanza preescolar hasta la enseñanza media, necesitan ayudan de sus familias para que tengan un adecuado desempeño en el jardín o colegio; por tanto, los padres, madres y/o cuidadores deben buscar diversas maneras de involucrarse en dicha  educación.

¿Por qué se insiste en la inclusión de la familia en el ámbito escolar? Porque la participación de las madres y los padres en la escuela mejora el rendimiento académico, la autoestima, el comportamiento y la asistencia a clases de los niños, niñas y adolescentes.

La educación se potencia favorablemente cuando la familia y la escuela trabajan juntas. En este sentido, la familia, como medio de desarrollo y la escuela como institución social encargada específicamente de educar, deben cooperar en favor siempre de los niños, niñas y adolescentes.

Sin lugar a dudas, para cumplir exitosamente con su función, la escuela necesita el aporte de la familia: tanto para apoyar a los niños, niñas y adolescentes como para transmitirles valores y formarlos como personas responsables, honestas y solidarias. Los padres desean que sus hijos e hijas obtengan buenos resultados académicos, pero ¿de qué manera se puede acompañarlos y ayudarlos para un mejor aprendizaje?

Cuando los padres y madres de familia se involucran, conocen e interesan por lo que sus hijos e hijos viven y aprenden en el establecimiento educativo, ellos perciben que su educación es importante, haciendo que se esfuercen y valoren los diversos procesos; pero si se demuestra lo contrario, si no se evidencia interés, es probable que ellos tampoco se interesen.

El rol como padres y madres es por lo tanto fundamental, pues los hijos se miran en cada uno de ellos. Si cada padre y madre de familia cree que la educación les dará a sus hijos mejores oportunidades en la vida y más posibilidades de surgir, se facilitará el que ellos crean lo mismo y se esfuercen por aprender más y obtener mejores rendimientos académicos para alcanzar sus metas. Cuando se valoran y manifiestan explícitamente sus esfuerzos y logros, y se reconoce sus talentos especiales haciéndolos sentir que son capaces, ellos desarrollan un mayor ímpetu por aprender y asistir a la escuela. Cuando se estimula el interés y entusiasmo por descubrir y saber más, se alienta en cada uno de los niños, niñas y adolescentes el placer y la satisfacción por aprender.

Facilitar recursos relacionados con el aprendizaje:

  • Cuando se pone a disposición de los niños, niñas y adolescentes distintos tipos de textos, literarios y no literarios, de diversos temas que sean de su interés, hay motivación para leer. El hábito de lectura no se desarrolla imponiéndolo, sino por disfrute  
  • Cuando hay preocupación de que los niños y adolescentes estudien y hagan tareas en un espacio adecuado para ello, sin demasiado ruido, lejos de la televisión, con buena luz y sin elementos que puedan distraer su atención, se potencia su dedicación al estudio y la consecuente obtención de buenos resultados académicos.
  • Cuando se participa como familia en actividades culturales y recreacionales, se amplía su visión de mundo. Se debe demostrar preocupación por ellos y confianza en sus capacidades, manifestando el interés y conversando a diario sobre lo que aprenden en la escuela.
  • Enseñe con el ejemplo, los niños, niñas y adolescentes aprenden de lo que ven. (Decir una cosa y luego hacer otra los confunde y no favorece el aprendizaje).
  • Enséñeles que preguntar es importante y que equivocarse es parte indispensable del aprendizaje. Todos los errores son oportunidades para avanzar.
  • Bríndeles oportunidades para que vivan experiencias nuevas y enriquecedoras.
  • Fomente hábitos de estudio, con horas establecidas para estudiar y en un lugar adecuado que a ellos les sea cómodo, con buena luz y sus materiales a mano.
  • Ayúdeles a descubrir cuál es la manera de estudiar y aprender qué les resulta mejor, más cómodo y provechoso.
  • Conozca a sus hijos e hijas. Pregúnteles qué les gusta, qué les requiere más tiempo o dedicación, cuáles son sus dificultades o inquietudes escolares, para así poder apoyarlos y facilitarles el aprendizaje.

Los padres y madres son los responsables de formar las actitudes, valores y hábitos en sus hijos e hijas. En el caso de los hábitos de estudio, la escuela juega un papel indiscutible, pero de ningún modo suficiente. La familia tiene una importante tarea en la adquisición de hábitos de estudio en los niños, niñas y adolescentes, en el interés por el aprendizaje y en la facilitación de un ambiente adecuado para la realización de los trabajos escolares.

 

 

Fraternalmente, en Cristo y De La Salle

 

 

Luz Yamile Flórez Orduz

Psicóloga ISJ De La Salle

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